Las Olimpiadas científicas y el menosprecio de la ciencia, por los Presidentes de la RSEF, la RSEQ y la RSME

15269187658183TRIBUNA DIGITAL.- J. A. DE AZCÁRRAGA, A. M. ECHAVARREN Y F. MARCELLÁN
22 MAY. 2018 02:07

En La ciencia en España como problema, publicado aquí el 4 de enero de 2017, señalábamos algunas de las dificultades de la ciencia en nuestro país, desde el bajo lugar que ocupa en las preocupaciones reales de los ciudadanos hasta los insuficientes presupuestos de investigación, muy lejos de lo que corresponde a una de las potencias económicas de la UE. Queremos referirnos ahora a algo que constituye un verdadero escándalo y que pasa inadvertido para casi toda la sociedad española: el escaso aprecio del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (MECD) por el esfuerzo y capacidad de algunos de los mejores estudiantes preuniversitarios de ciencias de España.

Las Olimpíadas Científicas Nacionales e Internacionales, que se celebran anualmente, constituyen uno de los acontecimientos más relevantes como vitrina del talento joven en las disciplinas científicas; Física, Química y Matemáticas en nuestro caso. Todos los países cuidan no sólo a los jóvenes que participan en ellas, sino que los profesores que los preparan y acompañan primero a la Olimpíada Nacional y después a las Internacionales, reciben un reconocimiento público por su infatigable y desinteresada labor, pues contribuyen a crear una auténtica marca científica de su país. Premios Nobel y medallas Fields (el Nobel de matemáticas) participaron en sus años juveniles en Olimpíadas Científicas, que siempre han servido para detectar y atraer talento al mundo de la ciencia y la tecnología. Hay también, por cierto, una interesante correlación entre los resultados de las Olimpíadas y los mejores países según los informes PISA.

El compromiso de los países punteros en Física, Química y Matemáticas con las Olimpíadas Científicas se inicia ya en las fases nacionales, apoyándolas no solo económicamente sino facilitando el trabajo de preparación previa en los centros escolares, fuera del horario de docencia regular. En el caso de España, el proceso comienza con las Olimpíadas locales en los distintos distritos universitarios y comunidades autónomas, donde los mejores pasan a la Olimpíada Nacional.

"El escaso aprecio del Ministerio de Educación por el esfuerzo de algunos de los mejores estudiantes preuniversitarios de ciencias de España pasa inadvertido"

Este acontecimiento, por cierto, es uno de los pocos que subsisten en España en el que jóvenes de todo el país conviven durante unos días mientras participan en la Olimpíada Nacional, especialmente, desde que la parcelación autonómica de la enseñanza universitaria restringió severamente su deseable movilidad. Los ganadores de las medallas de oro constituyen después la representación española en la Olimpíada Internacional y en la Iberoamericana.

En España, la organización de las fases locales y nacional de las Olimpíadas, y la constitución de las delegaciones que participan en las internacionales está, desde hace décadas, a cargo de las más que centenarias Reales Sociedades Españolas de Física (RSEF), Química (RSEQ) y Matemáticas (RSME), todas ellas sin ánimo de lucro, completamente independientes y cuyas actividades se realizan fundamentalmente gracias a las cuotas anuales de sus miembros. Hay que resaltar que sin la colaboración desinteresada de los profesores que participan en las fases locales (muchos de ellos miembros de la RSEF, la RSEQ o la RSME) y de todo el trabajo de preparación y coordinación que realizan nuestras sociedades, las Olimpíadas no podrían celebrarse.

"Las Olimpíadas Científicas Nacionales e Internacionales son uno de los acontecimientos más relevantes como vitrina del talento joven en las disciplinas científicas"

Hay un extraordinario capital de conocimiento y de personas comprometidas en su organización que, aunque no aparece en ningún balance económico, literalmente no tiene precio. Al margen de la posible colaboración local y de las generosas facilidades de las distintas universidades donde se realizan las Olimpíadas, el MECD ha contribuido tradicionalmente a su celebración subvencionando las pruebas (que en física y química requieren material de laboratorio), los gastos de los profesores acompañantes y alumnos, incluidos los viajes a las ciudades de cualquier parte del mundo donde se celebran las Olimpíadas internacionales. Años atrás, el Ministerio de Educación daba becas para los estudios universitarios de medallistas; después, sólo premios en metálico y, hoy, nada. Aquellos premios tenían, además, un valor simbólico: el reconocimiento del talento y el esfuerzo de los mejores estudiantes de ciencias. Reconocimiento, por cierto, que merece un acto solemne en el Ministerio en honor de los medallistas, no sólo para honrar a esas jóvenes promesas, sino para transmitir inequívocamente al país que la Ciencia es esencial para su bienestar.

Sin embargo, el mensaje actual es muy diferente. Desde hace años, la Dirección General del MECD que se ocupa -es un decir- de las Olimpíadas Científicas ha cambiado varias veces; dos, incluso, en el último año. La ausencia de coordinación y planificación de los servicios correspondientes del MECD y el permanente cambio de los responsables de las Olimpíadas, de las normas y de la gestión de las subvenciones, ha gravado nuestras Sociedades y multiplicado su trabajo extraordinaria e innecesariamente. Aunque no debiera ser así, tras cada cambio los nuevos responsables han de comenzar por averiguar qué son las Olimpíadas. Y, en el caso de las Olimpíadas Científicas de 2018, la desidia del MECD ha alcanzado cotas imposibles de justificar, aunque la intervención de Hacienda se esfuerza introduciendo trabas inverosímiles. Pues, sobre todo, hay desconocimiento, improvisación e incompetencia.

No solo ha habido durante años retrasos en la transferencia de los fondos destinados a sufragar los gastos de las Olimpíadas Nacionales y que las Reales Sociedades han tenido que adelantar, sino que las Olimpíadas han tenido que iniciarse antes de que el MECD publicara las normas que las regulan. Las Olimpíadas Nacionales de Física, Química y Matemáticas de este año ya se han realizado con éxito en Valladolid, Salamanca y Jaén, respectivamente, sin que las normas de las Olimpíadas hayan sido establecidas por el MECD ni el Ministerio haya enviado representante alguno a su celebración. A este despropósito hay que añadir el agravante de que se ha comunicado que este año no hay garantía de subvención que compense los gastos ya realizados por nuestras tres sociedades para que las Olimpíadas Nacionales pudieran celebrarse. Esta situación confirma que el MECD da la espalda a la ciencia y contrasta con lo que sucede en otros países, donde ministros y hasta algún presidente de gobierno ha participado en la solemne entrega de las medallas como reconocimiento a la creatividad y al talento científico de los jóvenes participantes (en España, en 2008, una clausura fue presidida por el Príncipe de Asturias acompañado por la propia ministra). Sin embargo, nuestros olímpicos serán parte esencial del futuro del país si no acaban antes captados, como ya se da el caso, por universidades extranjeras de primera línea a las que no preocupa el lugar de nacimiento de sus estudiantes. Reconozcamos al menos públicamente su esfuerzo.

"La ciencia y la tecnología deben ser, también aquí, una seña de identidad de nuestro país"

Pese a la larga historia de las Olimpíadas Científicas, año tras año hay que explicar su funcionamiento a los responsables ministeriales de turno (actualmente la Dirección General de Planificación y Gestión Educativa), la importancia que tienen para los jóvenes estudiantes, la compleja e ingente labor que realizan las Reales Sociedades a través de sus Comités Olímpicos para que puedan celebrarse, y la labor del muy numeroso, preparado y desinteresado grupo de profesores que preparan los estudiantes. No parece razonable pedir, además, que los profesores se costeen los gastos que ocasiona su contribución a las Olimpíadas, ni que las Reales Sociedades tengan que financiarlas sin apoyo ministerial. Esta situación está produciendo, desde hace tiempo, un estupor e indignación crecientes en las tres sociedades científicas que representamos; resulta difícil de comprender -pese a los problemas existentes, postcrisis incluida- la falta de interés del MECD en resolver algo que, en cualquier otro país, se considera importante. Más aún: las Olimpíadas requieren una financiación muy modesta para el MECD, pues lo que realmente no podría subvencionar por su elevadísimo coste nuestras Sociedades lo aportan gratuitamente.

Por ello, creemos tener autoridad suficiente para solicitar al MECD que publique sin demora las normas de financiación de las Olimpíadas Nacionales ya realizadas y que permitan la participación de los medallistas de oro en la Olimpiada Internacional y en la Iberoamericana. De cara al futuro, la planificación de las Olimpíadas debería poderse hacer de forma anticipada, sencilla y estable, sin que constituyan la patata caliente que hoy se pasan entre sí los distintos organismos del MECD. Finalmente, debería realizarse un acto de reconocimiento a los medallistas, acompañados de sus familias, junto a los miembros de las delegaciones que participan en las Olimpíadas. Sería un merecido homenaje público al esfuerzo y el mérito de algunos de nuestros mejores estudiantes así como a los profesores que los preparan. La ciencia y la tecnología deben ser, también aquí, una seña de identidad de nuestro país. Convenzámonos todos, MECD incluido: sin ciencia no hay futuro.

J. A. de Azcárraga, A.M. Echavarren y F. Marcellán. Son, respectivamente, presidentes de la Real Sociedad Española de Física (RSEF), Real Sociedad Española de Química (RSEQ) y Real Sociedad Matemática Española (RSME).

El Mundo 22-mayo: http://www.elmundo.es/opinion/2018/05/22/5b02ea54e5fdea100c8b45fd.html

 

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